Parar, SENTIR, pensar y actuar.

18552403-creatividad--m-quina-de-escribir-con-remolinos-abstractos-y-grungeEncantada estoy de volver a escribir.

Un alto en el camino dejó de lado a mi creatividad y mis dedos quedaron sin agilidad para transformar el pensamiento en palabras.
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¿Qué es interesante para ti?

Fuente: Raquel Cuenca Nieto
Fuente: Raquel Cuenca Nieto

“ESCUCHAR no consiste en dar sentido a la palabra del otro. Requiere el ser capaz de interpretar, al menos una parte, del SENTIMIENTO de quien habla”
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Una gran lección…

En numerosas ocasiones, la vida no nos pone fácil el camino. Los obstáculos vienen dados, o incluso, nos empeñamos en poner  más dificultades delante de nuestros pies. Unas veces podemos elegir, otras no tanto. 11008387_841427132570441_6249573271127299690_n

Hoy os dejo un nuevo corto, también de Pixar, como ya he elegido en otras ocasiones. Puede que penséis que es un corto para niños, pero es un corto para todos.

Hoy no voy a contaros más cosas, prefiero que lo veáis y conectéis con vuestra emoción, con vuestro sentimiento, con vuestras vivencias. Momentos donde la dificultad os invadió, pero no os impidió cambiar la perspectiva y continuar.

Hoy me gustaría transmitiros mi emoción. ¡Cómo un dibujo me ha llegado tan adentro en tan poco minutos!. Es increíble sentir la belleza de la capacidad de superación y la cómo es posible poder disfrutar cuando uno cumple lo que más deseaba. Aquí os lo dejo:

Hoy os animo a compartir vuestras experiencias, aquellas que os hayan traído un recuerdo, después de ver a nuestro personaje particular.

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El ARTE de Ponerse Excusas

“Hoy no tengo ganas, mejor mañana”, “Es que no es el momento adecuado, mejor esperemos que los astros se alineen”, “Si es que sé que no me va a servir para nada”, “Seguro que se me pasa, no es necesario hacer nada por el momento”…

Fuente: Quino
Fuente: Viñeta de Quino

¿A que nos suena estas frases?, ¿os son familiares?. Seguramente todos alguna vez en vuestra vida habréis caído entre sus redes y eso os habrá hecho aplazar cosas que, quizás fueran importantes, pero parecieron demasiado difíciles en su inicio.

    Actualmente, hay un término que está muy de moda en la actualidad: PROCRASTINACIÓN. ¡Vaya palabrita!, yo casi prefiero llamarlo: El Arte de Ponerse Excusas.

           En realidad, en un principio lo iba a llamar: Excusas para no ir al Psicólogo. Pero, realmente, me di cuenta que la actitud es lo que genera parte de la excusa. No hay excusas específicas para no hacer ciertas tareas, hay excusas universales que usamos para evitar ciertas tareas.

            La inspiración sobre lo que acabo de mencionar, me llegó a raíz de mi experiencia presente, ahora que estoy comenzando mi pequeña andanza, a menudo escucho frases del tipo: “Pues si que está bien lo que haces, todos necesitamos ir al psicólogo, pero quizás me animaré más adelante” o “bueno no suelo estar bien, pero en general no estoy tan mal como para tener que ir a terapia”. Es muy común la frase de “esto es sólo una racha” (aunque llevemos así algunos años…), “yo soy capaz de superarlo sin ayuda” y “si tuviera dinero…” (Hablo de casos donde lo económico no es un problema real).

              Pero me acabé dando cuenta de que, no son excusas para no acudir al Psicólogo, son barreras que creamos para no enfrentarnos a algo desconocido.

Fuente: Quino
Fuente: Viñeta de Quino

               Por eso, le cambié el titulo. En realidad, todo lo anterior es un ejemplo concreto de algo más general. El ser humano tiene a evaluar y poner en una balanza el esfuerzo, las decisiones, las recompensas…¡Lo medimos todo!. Generalmente, si el esfuerzo es mayor de lo que suponemos que será la recompensa, es común que el resultado sea este gran Arte de excusarnos para aplazar, evitar o no intentar hacer algo.

            En todas estas palabras, hay un punto muy importante: el sentimiento y la emoción. Siempre aparecen, y siempre me gusta hablar de ellos, son los protagonistas de mis historias. Ya que lo evaluamos todo, tendríamos también que valorar cómo nos sentimos cuando aplazamos planes, impulsos, actividades o propuestas. En este Arte, el alivio es algo común que se experimenta, ya que uno no tiene que enfrentarse a la activación que le supone cambiar la rutina. En otros casos, es ansiedad o nerviosismo, porque nuestra cabeza no para de decirnos que hagamos algo distinto a lo que responde nuestro cuerpo. También puede acudir la tristeza o decepción: “Otra vez que no hicimos lo que debíamos hacer”. Incluso un falso bienestar nos invade porque hemos aprendido a justificar nuestro Arte de ponernos excusas.

Fuente: Viñeta de Jim Davis
Fuente: Viñeta de Jim Davis

Si estas emociones llaman a nuestra puerta, es probable que no estemos del todo satisfechos con nuestras decisiones. Es momento de cambiarlas. Es momento de dejar de aplazar lo que verdaderamente sabemos que necesitamos. Es momento de dejar de anticipar que no merece la pena porque no lo conseguiremos o porque no es una recompensa que brille con luz propia.

           No nos damos cuenta de que únicamente nos centramos en que lo valioso es la meta, el objetivo final. Por eso, si lo sentimos demasiado lejano , poco alcanzable o con demasiados obstáculos en el camino, es probable que nuestro cerebro se defienda y no le apetezca intentarlo.

        La meta, el fin, es el movimiento. Podemos ser lineales, podemos ir por caminos más largos o más cortos, retroceder y coger impulso…Pero nunca quedarnos parados. Si estamos quietos, no exploraremos ni encontraremos nada. Si nos movemos, puede que encontremos un objetivos alternativos, recompensas inesperadas que puede que nos satisfagan más que la que habíamos idealizado.

        “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, eso dice el refrán. Os animo a modificarlo, no dejes de intentar hoy, aquello que siempre te apeteció hacer. O no te pongas hoy, las excusas que lamentarás mañana.

Trasforma tu Arte en Movimiento.

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El Valor de Saber Recomponerse

Si escarbamos entre nuestros recuerdos, es probable que encontremos al menos un momento en el que nos hayamos sentido especiales en nuestra vida. Curiosamente, en un porcentaje elevado de casos, también es probable que ese recuerdo se encuentre ligado a una hazaña, un acto, un trabajo o a una persona que nos recordó que éramos importantes por eso que habíamos conseguido. Otras veces, ni tan siquiera parece que dependa de nosotros: es el otro quien nos lo recuerda y esto nos acostumbra a esperar que nuestro valor venga de fuera.

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El día que nacimos, ya éramos especiales. Tuvimos la valentía de venir a un lugar del que no sabíamos nada, donde no nos habían preguntado si queríamos o no estar aquí. Nos dieron una palmadita en la espalda y ahí comenzó nuestra andadura.

Después crecimos, dimos los primeros pasos, las primeras palabras, comenzamos a relacionarnos, surgieron los miedos, la curiosidad y de nuevo fuimos especiales: estábamos gateando desde un presente hacia un futuro.

En este punto la cosa puede que empezara a complicarse: algunas dificultades se toparían frente a nosotros, nos acecharían fantasmas, sufriríamos algunas heridas que después habría que curar, nos esperaban emociones, decepciones, alegrías y tristezas… Algunas preocupaciones, exigencias o la rigidez impuesta por un mundo organizado, podrían alejarnos  de nuestro sentimiento más innato.

Luego vinieron los adornos: dinero, trabajo, éxito, estar sano, seguir el camino establecido, la felicidad constante y un sinfín de ingredientes, todos ellos necesarios para que uno pudiera sentirse especial. Esto generó confusión: ya no sólo servía ser uno mismo, ahora hacían falta más cosas. Y lo más problemático: había cosas que no eran fáciles de alcanzar o dependían de uno mismo.

En unos casos, el camino continuaría igual, sin sobresaltos. Pero en otros casos, puede que el fracaso, la ansiedad, el miedo, la angustia o la tristeza invadieran al personaje. ¿No es fácil cuando no tienes todos los ingredientes?

En este punto, propongo cambiar la historia. Propongo volver al principio y cambiar el inicio. Propongo contar una historia que comience así:

“Ser especial es simplemente ser uno mismo. Somos especiales por el hecho de aprender en este paseo al que llaman VIDA. No esperes a que otro te lo diga, porque puede que esto no llegue cuando tú quieras. Si eres capaz de sentirte especial por ser quien eres, te respetarás, valorarás tus virtudes y aprenderás de tus defectos. Si entiendes que una persona puede equivocarse, tus exigencias serán menos rígidas y buscarás maestros en lugar de culpables”.

Aquí no acaba esta historia, como he dicho antes, sólo es el principio. Es importante que continuéis hacia un final, o hacia varios finales. Dadle vuestra esencia, vuestra experiencia.

Puede que hubiera sido más fácil si esto nos lo hubieran contado antes. Pero, también puede ser que quien debía contarlo no conociera bien la historia, quizás nunca antes la había escuchado o simplemente no supo contarla o lo hizo a su modo. Es complicado saber con certeza por qué las personas se comportan de una determinada manera en la vida.

Por suerte, sí tenemos la capacidad de conocer la intención de nuestros actos. Por eso, si en algún momento no os sentisteis especiales, pensad en esta pequeña historia y cread un nuevo recuerdo. Porque no depende del resto, depende de ti.

Puede que funcione.

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Pensando en alto…

Hace algún tiempo, una vez me preguntaron sobre mi profesión, ¿por qué alguien puede tener la necesidad de ir al psicólogo?. Curiosidades de la vida, el otro día encontré el escrito con el que contesté a esa pregunta. He decido mostrar un fragmento de mi respuesta particular a tan compleja pregunta.

Comprender los problemas propios y ajenos, interpretar emociones, sentir como lo hace el otro, conectar, encontrar el camino adecuado…Cada uno de nosotros buscamos eso en nuestro día a día. Es cierto que cada uno lo hace a su modo, con su estrategia, con su personal plan de acción, pero ¿qué pasa cuando ese plan no funciona?.

Cuando a uno le duele la cabeza o se hace daño en un pie, va al médico en busca de ayuda. Esa ayuda que el médico te presta es algo objetivo y visible: unas pastillas o un vendaje en este caso. En cambio cuando nos encontramos tristes o vemos que alguien cercano no come y adelgaza día a día, esperamos a que eso pase, “es una mala racha”. Podemos sentir la incapacidad de dormir porque uno no puede parar los pensamientos que invaden su cabeza, o puede que sintamos que el  corazón no para de bombear a un ritmo frenético a lo largo de un día completo sin causa aparente, “ahora es que no sabemos vivir sin estrés”. A veces, lo que pasa es que un niño no parece comportarse acorde a su edad o notamos que hace cosas que llamamos “raras”, en este caso “eso es la angustia de ser padres, que no les hace objetivos”. Dejamos que el tiempo pase y lo arregle, “el tiempo siempre lo cura todo”, también  intentamos solucionarlo sin éxito porque puede que no conozcamos el modo adecuado, incluso podemos llegar a  pensar que son tonterías e intentamos aparcar los sentimientos (“si no lo veo, si no lo siento, no existe”).

La culpa no es buen acompañante del cambio. Las cosas que parecen superadas, simplemente puede que aún no lo estén, es cuestión de encontrar la causa. El desconocimiento, relativizar el problema o justificarnos no ayudan. El miedo, las inseguridades, no aceptar la realidad. Miedo al miedo. Ponemos barreras, obstáculos, cargamos con una mochila llena de piedras, que hace más lento nuestro caminar.

Imaginad una persona a la que acudir en busca de un vendaje para no dejar de lado los problemas, alguien que pueda ayudar en aquello que parece no tener solución, alguien que te eche una mano a dejar todas esas piedras para danzar más ligero.  El psicólogo, comparándolo con el ejemplo del médico, es la persona que puede vendar esos problemas emocionales. El remedio no es tan visible, pues se basa en la palabra y en técnicas más subjetivas, y potencia que sea la misma persona la que encuentre cómo solucionar ese problema. Pero, es posible que funcione, quizás sea cuestión de intentarlo.

La figura del psicólogo es un elemento clave, en unos casos para simplemente orientar y explicar los posibles porqués, en otros para ayudar a aliviar el sufrimiento o malestar que experimenta la persona. El miedo a no ser entendido o a ser diferente a veces nos cohíbe de pedir tal explicación. Nadie es diferente o raro por llorar, sentirse abatido, tener ira o experimentar emociones que sentimos como negativas. Esto no se hace de forma voluntaria, sino que nos defendemos para expresar nuestro estado interior. No elegimos con conciencia herir a los que más queremos. Incluso, podemos llegar a ser nuestros peores enemigos sin darnos cuenta de ello.

Antes de acabar con esto, me parece que es importante comprender algo más sobre lo que quiero transmitir acerca de mi profesión.

-Los problemas mentales no son diferentes a los físicos. Un catarro o tener fiebre, no es lo mismo que una enfermedad degenerativa o un cáncer, pero en todos los casos, no dejan de ser motivo de consulta. Llevar una temporada de seis meses con mucho nerviosismo puede parecer no ser lo mismo que llevar años sin salir de la cama, pero ambas cosas también son objeto de motivo de consulta. El especialista prescribe la necesidad o no de tratamiento.

-No debe darnos miedo el que se le ponga nombre a las cosas. Lo importante es el trabajo que se pueda realizar para poder encontrarse mejor. Por ejemplo, puede que en el colegio a uno le hayan dicho que su hijo es hiperactivo. El fin, es potenciar el alcance de  su mayor nivel de desarrollo, mediante apoyo y aprendizaje de estrategias alternativas para que el niño y su familia puedan normalizar su vida.

-Es importante sentir que alguien se pone en nuestro lugar, y que nos pueden comprender. Nos pueden escuchar sin juicios, sin consejos prefabricados.  El psicólogo proporciona esta ayuda.

-La clave: acudir al psicólogo supone un esfuerzo personal  que es la pieza fundamental para poder encontrarse mejor. Es posible conseguirlo, pero hay que tener claro que, a veces, los cambios no son de un día para otro. Pongamos el ejemplo de la construcción de una vivienda: se necesitan cimientos, ladrillos, tejas, basarse en los planos, tener tiempo para que todo vaya asentando, finalmente decoraremos su interior y haremos un lugar cómodo y acogedor para nosotros. Algo parecido pasa con el cuidado emocional y los cambios personales, construimos una nueva estructura que sujetará nuestro aprendizaje y afrontamiento ante las dificultades. También necesitamos todos esos elementos en forma de tiempo y esfuerzo.

En mi caso, creo que es necesario centrarse en el paciente, en quién tiene la necesidad. Ponerse en su lugar, comprender sus sentimientos, explicarle porqué a veces uno se comporta de una u otra manera, dejar claro que nada es una tontería. El psicólogo es el instrumento de la persona, intenta mostrar y enseñar en camino para que aprenda o descubra cómo puede hacer frente a su adversidad. Cuando no sabemos una palabra, vamos al diccionario o la consultamos en Internet; cuando no sabemos cuál es la causa de nuestro llanto o nuestro malestar, nuestro diccionario es el psicólogo. Cuando se rompe una mesa, usamos pegamento para reconstruirla; cuando la relación con tu familia o contigo mismo está fragmentada, el psicólogo te da pegamento para que vuelvas a unir los pedazos.

Para finalizar, os animo a que dejemos de lado al psicólogo como “Loquero”, “ese que te arregla la mente” o como “quien auxilia a los que parecen no tener cura”. Porque todos somos cuerdos en nuestra locura, todos a veces necesitamos un arreglo, y a fin de cuentas, todos podemos necesitar ayuda en esto a lo que llaman vida.