Una gran lección…

En numerosas ocasiones, la vida no nos pone fácil el camino. Los obstáculos vienen dados, o incluso, nos empeñamos en poner  más dificultades delante de nuestros pies. Unas veces podemos elegir, otras no tanto. 11008387_841427132570441_6249573271127299690_n

Hoy os dejo un nuevo corto, también de Pixar, como ya he elegido en otras ocasiones. Puede que penséis que es un corto para niños, pero es un corto para todos.

Hoy no voy a contaros más cosas, prefiero que lo veáis y conectéis con vuestra emoción, con vuestro sentimiento, con vuestras vivencias. Momentos donde la dificultad os invadió, pero no os impidió cambiar la perspectiva y continuar.

Hoy me gustaría transmitiros mi emoción. ¡Cómo un dibujo me ha llegado tan adentro en tan poco minutos!. Es increíble sentir la belleza de la capacidad de superación y la cómo es posible poder disfrutar cuando uno cumple lo que más deseaba. Aquí os lo dejo:

Hoy os animo a compartir vuestras experiencias, aquellas que os hayan traído un recuerdo, después de ver a nuestro personaje particular.

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“Tocando la Luna”

Esta semana, de nuevo os traigo un corto de Pixar, para ilustrar la temática de esta nueva entrada. Se titula The Moon (La Luna), y os animo a verlo primero para poder continuar con esta entrada:

En numerosas ocasiones he observado el pequeño de fantasma de la frustración parental , Hijos que no han cumplido las expectativas que los padres tenían previsto para ellos, ya planteadas desde que eran uno retoños.

Antes de nacer, ya venimos cargados con un montón de esperanzas y laboriosos trabajos que nos vienen atribuidos por las personas que nos rodean. Todos tienen planes para nosotros. En los casos más saludables: que seamos felices, que vivamos tranquilos o que tengamos la mejor vida posible serán los nutrientes emocionales del futuro bebé que viene en camino.

En otros casos, se atribuyen capacidades (que sea inteligente, listo, exitoso, buen estudiante..), una continuidad profesional o del negocio familiar (mi hijo será lo mismo que su padre/madre), que se comporte de un determinado modo o qué sea bueno y obediente siempre, ¡el mejor entre los mejores!. En estos últimos casos, probablemente pueda existir algún síntoma mal resuelto por parte de los padres, que aflora a modo de proyección en sus hijos.

Lo más curioso, es que nadie nos pregunta si queremos o no queremos venir a este mundo. Y si encima supiéramos lo que nos espera, igual más de uno se daba la vuelta…¡Demasiado para mi!, sería un posible respuesta ante tan inminente huida.

Fuente: Pixar
Fuente: Pixar

En este corto, un niño acompaña a su padre y a su abuelo para trabajar con ellos. ¡Hay que seguir la tradición familiar!. Cada uno le “ofrece” su conocimiento acerca del mejor modo de ponerse una gorra o qué cepillo es más adecuado para barrer. El niño intenta cumplir, intenta seguir lo impuesto, pero finalmente encontramos que incorpora algo nuevo a la tradición: su curiosidad y su creatividad. Gracias a ello, el trabajo sigue.

Quizás pueda resultar complicado dejar que un hijo tome su propio camino, que haga algo diferente a lo que uno esperaba. Pero nunca hay que olvidar que los niños vienen al mundo para que sean cuidados durante su más tierna infancia, para ser apoyados cuando la madurez aflora y no saben controlarla y para dejarlos libres cuando ellos lo necesiten.

El deseo anhelado y el complejo superado a partir de “mi pequeña creación”, probablemente sea algo que uno mismo no resolvió. Un pensamiento, una experiencia o un sentimiento que se transformó en una herida sin curar. Pero nunca es tarde. Siempre es posible sanar ese malestar que impide avanzar.

Así se evitarán muchas decepciones, tristezas innecesarias, energías malgastadas en una dirección equivocada…Así el cambio será:  la transformación del fracaso (porque esa “personita” cometerá un error al no elegir lo que debería) en orgullo (porque esa “personita” ha sido educada con fuerza y valentía para tomar decisiones por sí misma).

Hoy os animo a que alcancéis la luna, ¡tocadla sin miedo!. Os animo a que dejéis que vuestros hijos también la toquen, a su manera. Y os animo, especialmente, a disfrutar y gozar de esa bella sensación.

La vida no se vive a base de planes propios o impuestos. Así nunca funcionará.

Es bueno darse el permiso de aprender a improvisar. 

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