La belleza del cuidado

Hoy dedico esta tarde de viernes a mi profesión. Hoy dedico esta entrada a la belleza del cuidado emocional. 

proverbio chinoUna vez alguien me dijo: “Yo no creo en los psicólogos”.

En ese momento, me enfadé: “¡Qué frase tan injusta!”. Cómo era posible que aquella persona no entendiera una profesión tan enfocada al avance, al cambio, en definitiva: al crecimiento humano. 

Hoy os muestro este corto: Garra Rufa. Curiosamente, los Garra Rufa son una especie de peces que se emplean en terapias de peeling natural, eliminando todas las pieles que el cuerpo ya no desea. En este caso, El Dr Fish ayuda a eliminar todo lo que no deja que las personas vivan libremente, batallando con el sufrimiento, y las ayuda a que lo dejen ir. Espero que os acerque un poquito más a este trabajo que aún es pionero en la vida de muchas personas. ¡Disfrutad!

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“La Búsqueda”

Esta semana me adelanto al viernes, eligiendo este miércoles lluvioso para compartir con vosotros un trocito de mi historia. Algunos ya la habréis leído porque está en otro apartado de esta web, pero quería que formara parte de esas pequeñas versiones de mi, que cada semana garabateo entre líneas.

El título de “La búsqueda” surge del aprendizaje personal, al darme cuenta, de que sentirse perdido no era sinónimo de no avanzar, sino que la clave se encontraba en no dejar de tener ganas de buscar, de explorar nuevas vías y de caminar hacia delante (aunque a veces se diera algún paso hacia atrás).

Aquí os dejo mi relato. Espero que os guste…

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¿Y vosotros, qué pensáis…?

Hoy, por el momento, os voy dejando esta pequeña encuesta…Espero vuestras OPINIONES Y COMENTARIOS. Y en mi próxima entrada, reflexionaremos sobre ello…

También podéis dejar vuestra opinión tanto en Facebook como en Twitter. Y no dudéis en compartirlo con vuestros contactos.

Gracias, gracias y re-gracias

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“Compartiendo una sonrisa”

Hoy me apetece compartir una SONRISA20140318_135929

Será una sonrisa especial, propia, verdadera y real.

Una sonrisa que se enfrente a lo que no nos gusta, a lo que nos hiere, a lo que nos pellizca por dentro.

Una sonrisa emotiva, con sentimiento. No una sonrisa cualquiera, es una de esas sonrisas que definen quien eres. Vas por la calle diciendo: ¡Eh, mirad todos!: esta es mi sonrisa…(es genial esa sensación, ¿verdad?)

Las hay de medio lado, de oreja o oreja, mostrando dientes o con carcajada incluida. Es cuestión de ELEGIR…

Pero si hasta los estudios nos dicen que hacemos ejercicio cuando sonreímos (movemos hasta 430 músculos al parecer según cuentan algunos expertos…).

Dejemos las palabras y vayamos a lo práctico: subo una comisura de la boca, subo la otra, et voilà: LO CONSEGUIMOS. No era tan difícil, ¿verdad?.

Muchos podréis pensar que os lo pongo muy difícil y que, en realidad, estoy hablando de una sonrisa lejana o complicada, que no es real o que parece idealizada. No es mi intención y vosotros decidís la versión de sonrisa de la que estoy hablando…

En realidad, esto mismo es lo que pasa con nuestra vida: podemos elegir el camino fácil o el camino menos fácil. Pero al final, en un momento u otro siempre nos quedará nuestra sonrisa (porque es nuestra y genuina, no lo olvidéis nunca).

Simplemente quería retomar mi blog compartiendo algo que nos ayuda a ver la vida con perspectiva.

Os animo a complicar menos la vida y COMPARTIR más SONRISAS.

Pensando en alto…

Hace algún tiempo, una vez me preguntaron sobre mi profesión, ¿por qué alguien puede tener la necesidad de ir al psicólogo?. Curiosidades de la vida, el otro día encontré el escrito con el que contesté a esa pregunta. He decido mostrar un fragmento de mi respuesta particular a tan compleja pregunta.

Comprender los problemas propios y ajenos, interpretar emociones, sentir como lo hace el otro, conectar, encontrar el camino adecuado…Cada uno de nosotros buscamos eso en nuestro día a día. Es cierto que cada uno lo hace a su modo, con su estrategia, con su personal plan de acción, pero ¿qué pasa cuando ese plan no funciona?.

Cuando a uno le duele la cabeza o se hace daño en un pie, va al médico en busca de ayuda. Esa ayuda que el médico te presta es algo objetivo y visible: unas pastillas o un vendaje en este caso. En cambio cuando nos encontramos tristes o vemos que alguien cercano no come y adelgaza día a día, esperamos a que eso pase, “es una mala racha”. Podemos sentir la incapacidad de dormir porque uno no puede parar los pensamientos que invaden su cabeza, o puede que sintamos que el  corazón no para de bombear a un ritmo frenético a lo largo de un día completo sin causa aparente, “ahora es que no sabemos vivir sin estrés”. A veces, lo que pasa es que un niño no parece comportarse acorde a su edad o notamos que hace cosas que llamamos “raras”, en este caso “eso es la angustia de ser padres, que no les hace objetivos”. Dejamos que el tiempo pase y lo arregle, “el tiempo siempre lo cura todo”, también  intentamos solucionarlo sin éxito porque puede que no conozcamos el modo adecuado, incluso podemos llegar a  pensar que son tonterías e intentamos aparcar los sentimientos (“si no lo veo, si no lo siento, no existe”).

La culpa no es buen acompañante del cambio. Las cosas que parecen superadas, simplemente puede que aún no lo estén, es cuestión de encontrar la causa. El desconocimiento, relativizar el problema o justificarnos no ayudan. El miedo, las inseguridades, no aceptar la realidad. Miedo al miedo. Ponemos barreras, obstáculos, cargamos con una mochila llena de piedras, que hace más lento nuestro caminar.

Imaginad una persona a la que acudir en busca de un vendaje para no dejar de lado los problemas, alguien que pueda ayudar en aquello que parece no tener solución, alguien que te eche una mano a dejar todas esas piedras para danzar más ligero.  El psicólogo, comparándolo con el ejemplo del médico, es la persona que puede vendar esos problemas emocionales. El remedio no es tan visible, pues se basa en la palabra y en técnicas más subjetivas, y potencia que sea la misma persona la que encuentre cómo solucionar ese problema. Pero, es posible que funcione, quizás sea cuestión de intentarlo.

La figura del psicólogo es un elemento clave, en unos casos para simplemente orientar y explicar los posibles porqués, en otros para ayudar a aliviar el sufrimiento o malestar que experimenta la persona. El miedo a no ser entendido o a ser diferente a veces nos cohíbe de pedir tal explicación. Nadie es diferente o raro por llorar, sentirse abatido, tener ira o experimentar emociones que sentimos como negativas. Esto no se hace de forma voluntaria, sino que nos defendemos para expresar nuestro estado interior. No elegimos con conciencia herir a los que más queremos. Incluso, podemos llegar a ser nuestros peores enemigos sin darnos cuenta de ello.

Antes de acabar con esto, me parece que es importante comprender algo más sobre lo que quiero transmitir acerca de mi profesión.

-Los problemas mentales no son diferentes a los físicos. Un catarro o tener fiebre, no es lo mismo que una enfermedad degenerativa o un cáncer, pero en todos los casos, no dejan de ser motivo de consulta. Llevar una temporada de seis meses con mucho nerviosismo puede parecer no ser lo mismo que llevar años sin salir de la cama, pero ambas cosas también son objeto de motivo de consulta. El especialista prescribe la necesidad o no de tratamiento.

-No debe darnos miedo el que se le ponga nombre a las cosas. Lo importante es el trabajo que se pueda realizar para poder encontrarse mejor. Por ejemplo, puede que en el colegio a uno le hayan dicho que su hijo es hiperactivo. El fin, es potenciar el alcance de  su mayor nivel de desarrollo, mediante apoyo y aprendizaje de estrategias alternativas para que el niño y su familia puedan normalizar su vida.

-Es importante sentir que alguien se pone en nuestro lugar, y que nos pueden comprender. Nos pueden escuchar sin juicios, sin consejos prefabricados.  El psicólogo proporciona esta ayuda.

-La clave: acudir al psicólogo supone un esfuerzo personal  que es la pieza fundamental para poder encontrarse mejor. Es posible conseguirlo, pero hay que tener claro que, a veces, los cambios no son de un día para otro. Pongamos el ejemplo de la construcción de una vivienda: se necesitan cimientos, ladrillos, tejas, basarse en los planos, tener tiempo para que todo vaya asentando, finalmente decoraremos su interior y haremos un lugar cómodo y acogedor para nosotros. Algo parecido pasa con el cuidado emocional y los cambios personales, construimos una nueva estructura que sujetará nuestro aprendizaje y afrontamiento ante las dificultades. También necesitamos todos esos elementos en forma de tiempo y esfuerzo.

En mi caso, creo que es necesario centrarse en el paciente, en quién tiene la necesidad. Ponerse en su lugar, comprender sus sentimientos, explicarle porqué a veces uno se comporta de una u otra manera, dejar claro que nada es una tontería. El psicólogo es el instrumento de la persona, intenta mostrar y enseñar en camino para que aprenda o descubra cómo puede hacer frente a su adversidad. Cuando no sabemos una palabra, vamos al diccionario o la consultamos en Internet; cuando no sabemos cuál es la causa de nuestro llanto o nuestro malestar, nuestro diccionario es el psicólogo. Cuando se rompe una mesa, usamos pegamento para reconstruirla; cuando la relación con tu familia o contigo mismo está fragmentada, el psicólogo te da pegamento para que vuelvas a unir los pedazos.

Para finalizar, os animo a que dejemos de lado al psicólogo como “Loquero”, “ese que te arregla la mente” o como “quien auxilia a los que parecen no tener cura”. Porque todos somos cuerdos en nuestra locura, todos a veces necesitamos un arreglo, y a fin de cuentas, todos podemos necesitar ayuda en esto a lo que llaman vida.

 

Hablemos de empatía

Empatizando. Empatizar. Empatía: Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro. Ponerse en el lugar de los demás. Palabra con la que se nos relaciona a menudo a los psicólogos, y palabra que es importante, porque todos necesitamos que se pongan en nuestro lugar alguna vez en la vida.

La verdad, es que la idea de crear un blog, aún en pañales, ha surgido por la curiosidad de ver escrito aquellas cosas que pienso a menudo. Puede que a algunos les resulten interesantes, a otros, soberanamente aburridas, pero la virtud está en la capacidad de elegir la emoción que te procesan las cosas que tienes delante.

Las personas que aprecio de mi alrededor, con el fin de ayudarme en esta aventura, me han recomendado que piense sobre lo que escribir para delimitar los contenidos de mi blog. Eso me facilitaría darle nombre, forma, contenidos. Las personas intentamos clasificarlo todo, controlarlo todo, así la incertidumbre de no saber es más manejable, ¿por qué ésta iba a ser una ocasión diferente? La verdad es que me pareció un buen consejo y me puse manos a la obra: agenda en mano, lluvia de ideas, y todo lo recomendado para hacerlo de la mejor manera posible. Resultado: fracaso estrepitoso, sigo sin tener claro qué quiero compartir en las líneas que voy a publicar a partir de ahora.

El mundo de la psicología es tan gigantesco, que es complicado saber sobre todas sus áreas y, mucho menos, escribir sobre ellas, de hecho, sería soberbio, demasiado grotesto y arrogante por mi parte pretender hacer eso. “Busca algo, delimita, especifica”. Algo interesante, pero sin que deje de ser psicología. Finalmente, he decidido no decidir. He decidido que, por el momento, sean mis dedos y mi mente, los que me lleven a contar aquello que me gustaría compartir con el mundo.

Sí que voy a hablar de Psicología, eso lo tengo claro. Es mi profesión, y no me siento resignada a ser psicóloga, sino bien afortunada de que los que me rodean confíen en que lo soy, me siento alegre de disfrutar con el tiempo que le dedico a ello. Así que, por el momento,  hablaré de “Mi Psicología”, que es la que conozco, y es con la que cada día, intento transmitir a quien está cerca para que pueda encontrar el camino del que puede haberse despistado. (¡Ojo!, cuando hablo de “Mi Psicología”, sólo me refiero a ese cachito de mi persona y de mi profesión unidas. No hago nada distinto, ni mejor de lo que hacen otros muchos de los estupendos profesionales que están en este mundo)

Esta es mi carta de presentación. Este es mi diván, el elemento de referencia de cualquier psicólogo que se precie. Elemento de reflexión donde los haya. Y esto, a grandes rasgos,  es empatizar, compartir lo que uno piensa, y esperar a que el que lo escucha (en este caso lo lee) sea capaz de entender porqué el otro ha dicho eso.