Y TÚ, ¿oyes o escuchas?

Fuente: misstsocial.wordpress.com
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No es lo mismo el sentido del oído que el sentido de la escucha.

    Mientras que con el primero nuestro cerebro se limita a interpretar los sonidos y darles significado mediante un engranaje complejo de conexiones neuronales. El sentido de la escucha presenta un tinte más emocional, más espiritual y activo en las personas.

Os propongo un ejercicio:

  • ¿Qué significado le dais al timbre de la puerta, a la sirena de una ambulancia o al claxon de un coche? Probablemente, cuando oís esos sonidos cada día, sabéis que alguien ha llegado a vuestra casa, que hay alguna emergencia en el mundo o que algún atasco, peligro o conductor enfadado está cerca. Me refiero a una interpretación pura.
  • Y ahora, pensad en alguna canción que hayáis escuchado en la radio, ¿sólo es música?. Al escuchar la melodía, el ritmo o el tono, lo que encuentras es una canción que te puede llegar a poner los pelos de punta y te transporta a un bello recuerdo. Comienzas a pensar:  qué hacías ese día, qué ropa llevabas, quien te acompañaba, te transportas a un lugar, a un recuerdo. Sin darte cuenta, te estas concentrando, estás poniendo atención a algo más profundo.
  • Pensad en una conversación importante que hayáis tenido con alguien, un encuentro donde hayáis podido exponer una preocupación, una vivencia, algo importante. ¿Os invado el sentimiento de ser escuchados?, si la respuesta es positiva, seguramente una conexión estaba presente, ganas de continuar hablando, la otra persona sin articular palabra estaba presente, era activa, se sentía bienestar en el ambiente.
Fuente: ransilad.wordpress.com
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     La capacidad de escucha tiene una relación muy importante con el proceso atencional, con el proceso de hacer importante lo que ocurre en el momento presente, con la tolerancia de las vivencias propias y ajenas.

¿Y qué pasa cuando no sentimos que fuimos escuchados?

    Los enfados, las decepciones, el malestar o la soledad acechan a quien no se siente escuchado, incluso llegando a pensar en una falta de interés del entorno hacia uno mismo. La no disposición del otro, puede llega a mermar la sensación personal de uno mismo. Tendemos a buscar naturalmente la causa de las cosas. Y si uno no se encuentra con una buena salud emocional, puede que la causa se la llegue a atribuir a su persona.

        Miles de personas piden cada día a gritos el sentirse escuchadas. Pero también sucede que,  esa cantidad de gritos, les impide a sí mismo ser capaces de escuchar a los otros. Y esto puede llegar a convertirse en un bucle peligroso que debe romperse.

-¿Por qué?-

Fuente: www.floresvalles.com
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       El proceso de comprensión es cosa de, al menos, dos. Para que exista comunicación debe haber un emisor, un receptor, un canal y un mensaje. Y si algo de esto falla, puede que oigamos el significado, pero nunca escucharemos el valor del mensaje. Lo más divertido de todo: es un proceso bidireccional.

          Me pregunto si quien no tolera el malestar, le será complicado escuchar el malestar ajeno o quien se ahoga pensando que es infeliz seguramente experimentará angustia cuando otro le cuenta su buenaventura.

     Me pregunto qué bien tan preciado representa la capacidad de escucha y el sentimiento de ser escuchado.

      Muchas personas afirman que la soledad puede invadirles cuando sienten que no tienen a alguien cerca para escucharles. Las personas necesitamos conectar entre nosotros sintiendo que el otro está ahí.

     Por ello, es importante practicar, ejercitar y experimentar todo eso. Dejemos la impaciencia a un lado, siempre habrá lugar para la atención de nuestras palabras, pero igual hay que esperar el momento. Elijamos a la persona adecuada (no todos conectamos igual con todos).

          Demostremos que nosotros también somos capaces de dar lo que pedimos.

        Pensemos en nuestro momento, pensemos en qué momento está la otra persona. Un cerebro estresado tendrá más dificultad de concentrarse en algo importante porque tiene mil cosas superflúas que no le dejan respirar.

El más preciado tesoro: comenzad la escucha por vosotros mismos. Hay que darse un espacio para sentir y pensar con tranquilidad, para escuchar el eco del pensamiento y para organizar nuestros rincones mentales. Cuando este primer paso esté conseguido, no buscaremos constantemente los momentos de escucha, sino que seleccionaremos cuando disfrutar de ellos y con quién compartirlos.

Mientras tanto…

Os presto mis orejas  y mi disposición para escuchar aquello importante que tengáis que decir.

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2 respuestas a “Y TÚ, ¿oyes o escuchas?

  1. Tendríamos que aprender a escuchar,no sabemos ,enseguida saltamos con nuestras opiniones y razonamientos,que al final el que quiere sre escuchado sale peor.Pero cuando ves que los que quieres que te escuhen no lo hacen ,acabas por hacer tu lo mismo con la consecuencia de que al final nos vemos muy solos.y hay momentos que es muy necesario tener a alguien que simplemente te escuche sin juzgarte.

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    1. ¡Qué razón tienes Lucía! a veces tendemos a no escuchar porque queremos sentirnos escuchados y nos falta la paciencia. Queremos dejar la evidencia de lo que sabemos o conocemos, o simplemente, buscamos atención. En realidad saber escuchar es un ejercicio que hay que trabajar día a día. Muchas gracias por tu comentario. ¡Un abrazo!

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