La necesidad de salir corriendo…

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Hay días, momentos, lugares y situaciones donde nos bloqueamos y  no somos capaces de responder, no podemos hablar y la mente sólo te dice: ¡corre!.

La venta de antidepresivos y ansiolíticos se incrementa cada año. Como solución,esto es un dato complejo y quizás algo desesperanzador…

          Las preocupaciones, los agobios, el estrés se nos acumula y no sabemos gestionarlo de manera saludable. Nos refugiamos en el malestar y la irascibilidad, en la comida, en el ejercicio excesivo, en las nuevas tecnologías o en cualquier otro elemento distractor. Nos irritamos con los demás, buscamos algún que otro culpable o nos flagelamos pensando que somos los causantes del caos mundial.

     A veces nos faltan estrategias. Por eso nuestra mente nos pide correr. Es un mecanismo de defensa ancestral. El entorno nos ataca y necesitamos huir. Os recomiendo un libro llamado “¿Por qué las cebras no tienen úlcera?” De Robert M. Sapolsky, donde tendréis una visión bien ilustrada de esto que intento transmitiros.

     Volviendo a la idea principal, ¿alguna vez habéis tenido necesidad de salir corriendo?. Las respuestas que anticipo, las intuyo de lo más variado: ante nuevas responsabilidades, ante un fracaso, ante un enfrentamiento, cuando me siento por debajo del resto, ante una evaluación o simplemente cada vez que tengo que salir de casa. Con solo escucharlo, con sólo leerlo,  la mayoría de los profesionales comenzaríamos a preparar una “receta” en forma de ayuda para que esa persona pueda aprender a enfrentarse a los miedos, a no huir de los problemas y tener valentía para gestionar tales dificultades.

       Pero hoy me surge una duda inocente: ¿Y si hiciéramos caso a nuestra mente?.run away Si en ciertas ocasiones, en lugar de luchar y esforzarnos para un resultado sin éxito, corriéramos tan deprisa que nadie pudiera alcanzarnos hasta  refugiarnos en un pequeño monte imaginario.

¿Seríamos capaces de ver las cosas desde un lugar diferente?, con una nueva mirada, con una perspectiva diferente. Puede que nos embargara el alivio de la lejanía del problema. Y no tendría que ser un fracaso, sólo un avance.

      El truco  está en no permanecer constantemente en el lugar al que corrimos. El matiz se encuentra en tener la capacidad de volver de aquel lugar donde nos sentimos a salvo. Ya no estaremos excesivamente activados, ya no sentiremos ese desbordamiento. Quizás hasta hayamos repuesto fuerzas y una cierta paz nos acompañe.

use your brain    He llegado a la conclusión, de que apremiamos demasiado el proceso. Personalmente a mi me ha pasado: conmigo, como terapeuta, con mis personas cercanas…No sé si vosotros habréis tenido esta sensación alguna vez. Machacamos a nuestras neuronas obligándolas a pensar de un modo distinto, correcto y adecuado (tampoco sé muy bien donde está el criterio para esto). Dejamos de pensar con nitidez y nos abrumamos. Y no merece la pena, porque, mágicamente, cuando te relajas, de nuevo vuelve la luz y el horizonte.

       El escape esporádico, puntual y necesario, no es un fracaso. Un momento de huida, es un respiro para avanzar con paso firme. Creo que es importante no sentirse derrotado cuando uno  necesita una pausa, una huida o un impasse. Es importante darse el permiso de ser humano.

Es posible que vuestra mente y vuestro cuerpo os lo agradezca.

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